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La bicicleta “Graziella”, un mito en dos ruedas

Cuando se habla de Graziella la mente vuela rápido al feliz período de la niñez, hecho de largas tardes de verano, de pancitos con Nutella, de canciones de Lucio Battisti y naturalmente de las interminables vueltas en bicicleta en las plazas, por las calles del barrio o en el patio de casa. Pero por qué hoy todavía el nombre de Graziella es todavía mágico?. Hagamos un salto atrás en el tiempo para reconstruir la historia de esta bicicleta tan amada por todas las generaciones.

Era 1964, y sobre la ola del boom económico que estaba atravesando Italia con una irrefrenable carga de entusiasmo, la bicicleta comenzó a tener una imagen distinta de aquel medio de transporte pobre, hasta triste, usado por aquellos que no podían permitirse otro vehículo para ir a la fábrica o la oficina.

Sobre un genial proyecto de Rinaldo Donzelli, la firma Teodoro Carnielli di Vittorio Veneto presentó en aquel año una absoluta novedad: la Graziella, una elegante bicicleta plegable, destinada a revolucionar durante 20 años el mundo de las dos ruedas. Con el apoyo de una inteligente campaña publicitaria, la Graziella encuentra inmediatamente la aceptación de una franja importante de clientes por su imagen refinada. Un slogan de la época la define como “la Rolls Royce de Brigitte Bardot”, por su extraordinaria calidad de construcción, símbolo de una época irrepetible.

La Graziella, vanguardista para la época, es reconocida entre lo más alto del diseño italiano. La carta ganadora de la Graziella fue, en primer lugar, su extraordinaria practicidad: un robusto cuadro, plegable gracias a una bisagra central, la ausencia del caño horizontal, las ruedas pequeñas, el asiento acolchado y el manubrio regulable, hacían que con gran facilidad se pudiese guardar en el baúl del auto. Estas pocas características, la llevaron a convertirse en el nuevo símbolo de libertad y anticonformismo. Poseer una Graziella significaba sintonizarse inmediatamente con el espíritu de esa época, con un estilo de vida alegre y despreocupada.

Rápidamente comenzaron a aparecer imitaciones, tomando los elementos claves de su éxito, a un precio mucho menor: L'Atala, la Legnano, l'Aurelia Dino, la Girardengo, la Olmo, la Bianchi, la Gerbi e innumerables marcar menos conocidas, invadieron rápidamente el mercado, contribuyendo a familiarizar a mucha gente, y sobretodo a los niños, con el fantástico mundo en dos ruedas.

Fue así que en 1971, la Carnielli decide rediseñar la Graziella, naciendo un auténtico milagro de pureza de línea y exclusividad. “Reinventada por Carnielli”, como decía la publicidad de la época, la nueva Graziella se distinguía del modelo precedente por las ruedas con un diámetro mayor y por dimensiones adaptas a todas las contexturas físicas. Además del agregado de toda una serie de detalles únicos, estudiados para identificarla con un solo golpe de ojos de las demás marcas competidoras.

El color, sobretodo, que como para la serie precedente, continuaba a ser el clásico blanco leche o como alternativa un azul ultramar, era tan cuidado que, al comprador se le entregaba un kit de pintura para eventuales retoques. Mirándola de costado se caracterizaba por dos tubos horizontales de igual longitud, enlazados a otro tubo con forma de semicírculo. El manubrio conservaba la forma rectangular, guardabarros, neumáticos con franja blanca, cubrecadena, luces y un timbre inconfundible por su sonido, construido en sólido metal cromado, con una “G” en color azul,

La nueva bicicleta no desilusionó las expectativas del público, a tal punto que comenzaron a hacer versiones especiales, dignas de recordar, como la bizzarra “Graziella Flor” con decoraciones estilo hippy, la deportiva “Graziella Cross” con cambios y la espléndida chopper “Graziella Leopard”.

En los años ´80, con la aparición de nuevos modelos de alta tecnología, como las Mountain Bike, adaptadas a todos los terrenos, lentamente la Graziella comenzó su declive, para desaparecer silenciosamente.

Hoy, la Graziella constituye en un objeto muy buscado y no es raro pensar en un relanzamiento en una versión más modernizada, como sucedió con el monopatín. Se podría entonces llevarla en el baúl de nuestros autos, de manera de disponer en cualquier momento del medio de transporte ideal para movernos en el atestado tránsito de las ciudades. Igual como sugería el spot televisivo de 46 años atrás.

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