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Racismo en el fútbol Italiano

La liga italiana prohibió el viernes que un sector de la hinchada de Juventus acuda al próximo partido local del club por los insultos racistas contra un jugador del Inter.
Según reza el dictamen, los aficionados ultras de la Juventus, conocidos como 'Curva Sud' ('Curva Sur') por el lugar del estadio que ocupan habitualmente, profirieron "cánticos constitutivos de expresión de discriminación racial" hacia Mario Balotelli, delantero del Inter y una de las grandes goleadores del fútbol italiano, en el encuentro ante el Nápoles del pasado miércoles en Copa de Italia.
Los hinchas no hicieron caso a una solicitud realizada por los altavoces del estadio para que cesaran los cánticos.
La temporada pasada, Juventus tuvo que jugar un partido como local a puerta cerrada por otro incidente de racismo contra Balotelli, un italiano de padres ghaneses. El equipo de Turín también ha recibido varias multas económicas por discriminación racial.
El castigo se aplicará en el partido del 23 de enero contra la Roma. El club dijo que no apelará el castigo.
"¡Negro de mierda, sólo eres un negro de mierda!". "¡No existen italianos negros!". "¡Si saltamos, muere Balotelli!". Esta vez no era un grupillo de descerebrados el que gritaba. Esta vez era todo un estadio. O casi todo. Y nadie hizo nada por acallar los gritos.

Irónicamente, el objeto de los cantos racistas de la afición juventina es el mayor talento joven del fútbol italiano. Se llama Mario Ballotelli, tiene 20 años, mide 1,88 metros, nació en Palermo el 12 de agosto de 1990 y calza un 45. Es internacional sub 21 y titular indiscutible para José Mourinho en el Inter. Desde su etapa juvenil, todos decían que sería un crack. Y lo es. Aunque los tifosi de la Juve gritaban que no existen italianos negros, es la excepción que confirma la regla. Negro e italiano de pleno derecho. Pero, realmente, se trata de un caso casi único.
Su historia es conocida y se remonta al principio de la inmigración africana hacia Italia. Sus padres llegaron a Sicilia desde Ghana en 1988. Mario nació poco después. Estaba enfermo, tenía una malformación en el intestino, fue operado y pasó su primer año en el hospital. La familia se trasladó entonces desde Palermo hasta Bagnolo Mella, un pueblo lombardo cercano a Brescia, pero las cosas no mejoraron. Compartían una habitación húmeda con otra familia africana y seguían tan pobres como en África. Aconsejado por los servicios sociales, su padre, Thomas Barwuah, decidió dar al pequeño Mario en adopción a la familia Balotelli.

El 12 de agosto de 2008, Balotelli cumplió 18 años. Ese mismo día, el alcalde del pueblo donde vive la familia se hizo la foto con él y le entregó el certificado de nacionalidad italiana. Realmente, un privilegio, ya que otro medio millón de extracomunitarios nacidos en Italia no tienen derecho a la ciudadanía italiana. Según la ley en vigor, solo son italianos los que tienen sangre italiana, y no siempre, porque también hay distinción entre hombres y mujeres a la hora de aplicar el principio del ius sanguinis.
Los extranjeros que hayan nacido en Italia, según la Ley de Inmigración Bossi-Fini, sólo pueden quedarse en el país al cumplir los 18 años por razones de reagrupamiento familiar o si tienen un permiso de trabajo o de estudios. Los demás, en teoría, no pueden quedarse porque no son italianos. Están en el limbo y son tratados como ciudadanos de segunda en el país donde nacieron, estudiaron y crecieron.
Pero ya se sabe que los futbolistas son diferentes y por eso Balotelli, igual que Stefano Okaka, delantero centro del Roma, fue nacionalizado de forma automática.
A muchos italianos que no son del Inter les debió parecer mal. Los gritos racistas contra él son frecuentes cuando el equipo, que lidera la Liga con suficiencia, juega fuera de casa. Balotelli tiene fama de no arrugarse y de responder con goles y gestos a las provocaciones del público y de los jugadores contrarios.
La semana pasada, Mario Balotelli fue sancionado por la federación italiana (FICG) con 7 mil euros de multa por provocar a los espectadores de Chievo, a los que el delantero italiano de raza negra acusó de ofensas racistas.
Balotelli argumenta que su reacción se debió a que está cansado que lo maltraten por su etnia, lo que desató una oleada de polémicas en el país, con respaldos y críticas al jugador, que suele también confrontar con su DT José Mourinho.

El tribunal deportivo de la FIGC impuso, además, 15 mil euros de multa a Inter debido a que un grupo de sus hinchas entonó coros racistas contra el jugador Luciano de Chievo e hizo explotar dos petardos.
Balotelli, foco habitual de insultos racistas y que marcó el gol del triunfo de Inter sobre Chievo en la reanudación de la Liga Italiana, dijo en su página oficial de Internet que no pedirá excusas por su actitud a quienes lo insultaban.
"No me excuso con quien me insultaron, sino con la parte del público que estaba ajena a eso y a la que ofendí expresándome mal porque estaba exasperado por los abucheos durante el partido y mientras salía de la cancha", indicó.
Tras el partido, Balotelli declaró que el público de Verona le da "cada vez más asco", pues es la segunda vez que lo recibe con coros e insultos racistas.
El futbolista, de 19 años, es hijo de inmigrantes ghaneses que se afincaron en Brescia, Thomas y Rose Barwuah, y en 1993, a los 3 años de edad, fue confiado a la familia Balotelli por un tribunal de infancia.
El presidente de Inter, Massimo Moratti, consideró que resulta "exagerado" castigar a Balotelli, quien suele sufrir permanente hostilidades en los campos de juego, al punto que la actual temporada el capitán de ese equipo, el argentino Javier Zanetti, casi pide la suspensión de un partido con Juventus.
El público veronés, tanto los seguidores del club Verona como del Chievo, se caracteriza por ser uno de los más racistas del fútbol italiano, algo que se inserta en el fuerte consenso que en la ciudad y zona de influencia tiene el partido Liga del Norte, particularmente hostil a los inmigrantes de color.
Así, la cuestión se cargó de matices políticos y el alcalde de Verona, Flavio Tosi, cargó contra Balotelli por "inmaduro", aunque luego aceptó sus disculpas.
Para el alcalde, Verona "no es una ciudad racista" porque los extranjeros "tienen altísimo nivel de integración".
A los 88' del partido, cuando Balotelli fue reemplazado por el debutante holandés Marco Arnautovic, su salida estuvo acompañada por un coro de agresiones e hirientes silbidos, a lo que respondió con gestos de provocación.

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